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30/12/25

Querido 2025:

Te empecé con un propósito: volver a vivir con plenitud.

Con mucho miedo, me abrí a nuevos campos e intenté no bloquearme tanto, pero los inicios fueron duros, ¿cómo iba a saber que todo se iba a transformar de un modo, para mí, inimaginable?

En seguida llegaron los frutos de mi determinación, tan pronto como que, en enero, ya había conocido a la persona que acabaría por darle la vuelta a mi vida. Tantas coincidencias solo compartiendo una conferencia y un café...

No voy a contar los pormenores de mi vida, prefiero, como otras veces, agradecer lo vivido. Aún a riesgo de dejarme cosas en el tintero y omitiendo deliberadamente otras a las que no quiero dar más espacio del que ya tuvieron.

Nunca agradeceré lo suficiente a Ramón y Miguel Ángel aquel encuentro que me motivó al cambio. Muchas veces he pensado en qué sería de mi vida hoy sin aquel día.

        A mis amigos del colegio, que un año más fueron sustento en las penas y, por primera vez en mucho tiempo, testigos y participes de mis muchas alegrías. Veros tan felices por mí ha sido una nueva forma de sentiros cerca.

        A los que seguís siendo mis hermanos aunque yo ya no esté tan presente. Sigo sintiéndoos familia y referencia en mi vida.

        A Raquel, que está en casi todos los grupos anteriores, no se que no agradecerle, en fin... Y también a los suyos que también son míos.

        A Stella allá donde se encuentre, esta vez por haberme dejado tan claro siempre que quería que yo volviera a ser feliz por encima de todo. Me lo pusiste muy fácil.

        A mi familia y, en particular, ya que este año son los dos mayores de edad, a Irene y a Diego. Por seguir luchando, y no siempre es fácil, por salir adelante y afrontar la vida con sentido. Y por asumir con tanta generosidad y naturalidad mi nuevo proyecto de vida, que también es vuestro y tanto os implica. Os quiero.

        Y termino con la persona que lo ha cambiado todo en este 2025: Silvina. Dejo casi todo para lo íntimo. Solo decir de nuevo que es un milagro que dos como nosotros hayamos coincidido en el espacio y el tiempo. Además, en el inicio de nuestras versiones 2.0. Ínfimas probabilidades, pero aquí estamos y los milagros así no se pueden dejar pasar. Gracias, no hay palabras suficientes.

Os deseo a todos un 2026 lleno de amor. Que es lo único que importa.

31/12/24

Perlas del año que termina

   Yo creía que perseverando en las grandes metas se acababan consiguiendo, este año he aprendido que hay momentos para los objetivos modestos, incluso mediocres, en busca de la paz. 

 Yo creía que el cansancio se pasaba descansando, este año he aprendido que hay que sólo a base de cansancios bien elegidos uno deja de estar cansado. 


 Yo olvidaba que no siempre recoges lo que siembras, este año me han recordado que te puedes encontrar personas con las que no puedes construir, porque no pueden o no quieren escuchar. Y he aprendido que hay que dejarlas ir.


 Yo pretendía cumplir medio siglo con un proyecto renovado, este año he constatado que mi capacidad de transformación no es tan veloz como me gustaría y estoy aprendiendo torpemente a transformar la frustración en impulso.


 Yo creía que lo mejor que podía hacer con mis particularidades era ignorarlas, este año he comprendido lo mucho que han influido en mi vida y que forman parte de mí y de mis caminos futuros.


 Yo creía que algunas de mis certezas más arraigadas me tenían que acompañar toda la vida, este año he descubierto que no siempre las he mantenido por convencimiento, sino por apego a quien fui. 


 Yo creía que al sentirme frágil me iba a acabar quedando solo, este año sigo agradecido por las personas que siguen ahí.


 ¡Os deseo un 2025 lleno de paz!

26/10/24

A propósito del discurso de Ana Blandiana, premio Princesa de Asturias de las Letras 2024

La poesía es, a veces, rascar hasta levantar la piel para provocar dolor 
y terminar con la picazón desesperante que no descansa, 
y encontrar en ello alivio. 
Es despertarse a latigazos de una vida insoportablemente adormecida. 
Y así, despierto y dolorido, volver a sentir cómo entra el aire. 
Hasta volver a quedar dormido.

16/10/24

Plata

     Ahora sé que me hubiera gustado llegar al oro. Ahora sé que cada duda que pude tener a lo largo del camino era pura ignorancia, y también doy gracias por no haberlo abandonado nunca, aunque nos quedásemos tan cerca de la plata. 

    Curioso cómo tantas veces la sabiduría llega después de la ocasión para la que hubiera sido necesaria, pero quizá no llegue tarde para lo que ha de venir. Quizá una forma de honrarte sea no desaprovechar lo mucho que tu ausencia me enseña.

    Hoy imagino qué habríamos hecho, dónde habríamos ido. Sé que habríamos viajado, lejos pero no mucho. Sé que, de una forma u otra, habría habido música. Y sé que al terminar el día nos habrían dolido muchísimo los pies. ¡Qué ganas de que me vuelvan a doler de nuevo!

31/12/23

La fortuna y la desdicha

     He aquí una de esas dualidades paradójicas que tanto interés despertaban a nuestro viajero. A pesar de ser consciente de lo afortunado que había sido en los últimos tramos de su viaje, se había sentido desdichado con frecuencia. “¿Por qué la fortuna no siempre trae la dicha?”, se preguntaba en sus noches de insomnio. Y decidió rememorar las razones de su fortuna para ver si los soplos de vida que las acompañan ayudaban a despejar los nubarrones de tormenta. 

Lo primero que le vino al corazón fue la generosa ración de afecto que no faltó ningún día de camino; y el aliento de todas esas personas se transformó en brisa que salpicó de claros el cielo. ¡Qué bien sienta algún rayo de sol en la cara en los días de invierno! Afortunado aliento.

Tampoco este tiempo había estado falto de aprendizajes, lo que le resultaba francamente estimulante. Aprendió que el camino más corto no siempre te hace llegar antes; hay obstáculos que merece la pena rodear y guardar fuerzas para los que no se pueden esquivar. Aprendió, con mucho esfuerzo, que si no quería caminar solo, tendría que caminar al ritmo del más débil; y disfrutó alegrías que sólo una mente menos exigida se puede permitir. Aprendió que elegir atravesar el camino del dolor con las personas adecuadas es una de las mejores decisiones que uno puede tomar; el tiempo no cura nada, es lo que decides hacer con él. Y aprendió mil cosas más, y su cuerpo respondía al ejercicio y mejoraba el ánimo, y sus manos volaron sobre las teclas como nunca antes,… un presente afortunado, sin duda. ¿No debería ser suficiente para borrar de una vez las nubes?

“Quizá el problema no está en el presente, donde sí está la fortuna”, reflexionó. Y entendió que las huellas de tantos años vividos le habían conformado de tal modo que su ser se revelaba ante cualquier nueva forma de vivir, por afortunada que fuese. Que, a pesar de haber transitado el dolor y haberlo tornado en recuerdo agradecido, había algo muy profundo que sufría por no poder seguir instalado en lo tan largamente conocido. Que las heridas que dejaron las partes cercenadas necesitaban un tiempo que no se puede acelerar a voluntad, pero que sólo las curas constantes con cariño y consideración conseguirían una cicatriz hermosa, que duela lo justo para no olvidar, pero no lo suficiente para no dejar vivir. 

  Entendió de este modo que, para la siguiente etapa, debería ser constante en los cuidados, paciente en los desvelos e indulgente en los fracasos. Y no olvidar los tiempos para la alegría y para la escritura (que, como decía Hemingway, es sólo sentarse ante la máquina de escribir y sangrar).

Feliz 2024, cada uno desde su camino.  


29/12/23

The road unwanted

The one and only day,
But just one day.
That’s my ironic definition of success. 

Nothing wrong but nothing right
And peace is all the goal for me to aspire. 
Numbness to survive.

Condemned to embrace my life,
Peacefully undesired. 

17/9/23

52

Me gustaría poder regalarte mi vida nueva con ilusiones motivadoras salpicadas de nostalgias deseadas. Recuperar aquel estado en el que regresar a casa ya era vivir. Aún no va a poder ser. A cambio, te regalo mi determinación de no rendirme. Los avances modestos, las luchas diarias. Aunque sigue sin ser fácil, la manada sobrevive. Por cierto, sigo perfeccionando mi patronus, seguro que las visitas serán cada vez menos frecuentes.

4/8/23

El viento del norte

    El viajero ya conocía esto. Nació en un lugar donde el viento del norte se lleva la niebla en verano. La humedad no sofoca y el aire refresca. Como también ocurre con el sol de invierno en las tierras del interior, el calor y el frío se alían de una forma tan especial que se calientan los huesos y no se quema la piel. Pero en el litoral más sentidos se avivan: el viento del norte se oye, hay quienes también dicen escucharlo, y, sobre todo, se ve mucho más allá. Para el que gusta de mirar lo lejano, es un amigo siempre bienvenido. Se ha llevado la bruma que solo permite mirar en corto y amplía el campo de visión. El paraíso de los curiosos. 

    Y cuentan que el viajero volvió al punto de partida y, en un día de viento norteño, pudo observar el otro lado de la ría con una escrutadora nitidez. Allí estaban los montes que separaban las huellas de los dedos del dios que, según cuenta la leyenda, creó aquellas rías al apoyar su mano el séptimo día y por fin descansar. Sin embargo, ya no todo el monte era bosque. Ya casi había olvidado que el fuego de los años pasados había dejado grandes zonas de monte yermo. 

    Como en la vida, si bien la niebla no te deja ver, la certeza no te deja olvidar. 




31/3/23

EL FRÍO

     "En ocasiones, me protejo intentado mantenerme ocupado mientras pasa el temporal", se decía nuestro viajero a sí mismo. Y enredado en sus pensamientos, cayó en la cuenta de que durante la inmensa mayor parte de la historia de la humanidad, la vida se jugaba en el exterior. Sobrevivir era conseguir alimento, refugio, cuidar de los allegados y, si había algo de fortuna, todavía quedaba algo de tiempo para los placeres y desdichas de los afectos. 
    Pero ese no era el mundo en el que a él le tocaba vivir. Sobrevivir ahora era una batalla dentro de su mente. Habiendo siempre un techo para protegerse de la tormenta, rara vez había cobijo para resguardarse de los temporales interiores. Habiendo siempre una casa donde resguardarse, rara vez había un hogar donde simplemente ser ya era vivir. Incluso bromeaba imaginando una escena en donde un odioso dios, vengativo como el de Babel, se burlaba de los hombres de este tiempo: "¡A ver cómo os libráis ahora de este frío que viene de dentro, vosotros que os habéis cubierto de mil capas para estar siempre cómodos y que inventáis mundos falsos para no tener que salir al verdadero!"
    Afortunadamente, aunque nuestro viajero solía despertar sobresaltado de sus ensimismamientos, también conseguía avanzar un pasito diminuto en su búsqueda de sentido. Mantenerse ocupado le ayudaba a evitar centrarse en ese intenso frío interior, mientras buscaba el modo y las fuerzas para librarse de él. De ese páramo helado al que algunos llaman soledad. 

5/1/23

LOS 29 QUE NO SERÁN

 Hacia ya meses que no nos mirábamos igual. Por primera vez en la vida, este torpe inseguro pensó que algo bueno podía ocurrir de forma natural, sin intermediarios ni situaciones vergonzantes propias de mis pocos años. Aquella noche de Reyes Magos, por casualidad, nos encontramos. Aquella noche de Reyes Magos, casi sin palabras, nos encontramos. Durante un instante de varias horas ya no nos soltamos, las manos en ningún momento, y en casi ningún momento los labios. Durante veintiocho años, y a veces fue difícil, ya no nos soltamos. 

Este año el torpe inseguro ha vuelto, y no tiene su regalo de Reyes Magos.

1/1/23

CAERSE EN EL ROSAL

         Un viajero dedicó largos años de su vida a alcanzar la cima más alta de aquel país, pensando que, siendo capaz de verlo todo desde allí, por fin sería feliz llenando hasta rebosar la mochila de su infinita curiosidad. Pero la ascensión fue volviéndose cada vez mas difícil, los obstáculos más grandes y las heridas de cada nueva caída más dolorosas. 

Había conseguido perseverar en la ruta porque no caminaba solo, por lo menos no todo el tiempo.  Dicho lo cual es fácil adivinar que, cuando una noche de invierno el latido compañero se apagó para siempre, supo no iba a alcanzar aquella cima. Sin fuerzas para subir y sin ánimo para bajar, vagó toda aquella noche que encierra mil noches hasta que cayó al río embravecido por la fuerte pendiente. Mentiría si dijera que le fue difícil encontrar un tronco al que aferrarse, lo difícil fue no dejarse simplemente caer y por fin descansar.


El descenso estaba siendo casi tan agotador como lo había sido la subida. Pero el paso de los días dulcificó la pendiente y amansó el río, y hasta se atrevió a pensar que tal vez acabaría llegando el momento de acercarse a la orilla en la llanura. 


Y sucedió que, en este viaje hacia las tierras cálidas donde se cuenta que los corazones malheridos encuentran la paz, el viajero aferrado a un tronco miró al margen derecho del río y pudo ver unas flores conocidas, acompañadas por el sutil aroma que una brisa cómplice quiso acercarle. Fue entonces cuando una brizna de humanidad brotó de sus entrañas y, antes de pararse a pensar, ya estaba en la orilla, sentado en su tronco, observando las flores. 


Sí, era un grandioso rosal. Quizás ya lo sabía. En el fondo ya lo temía. Su deseo más profundo era abrazar aquellas rosas, sentir su textura acariciándole el rostro y su aroma inundándole los pulmones. Pero no había olvidado el dolor de las espinas clavándose en la piel durante los años de extenuante ascenso y, por encima de todo, no había olvidado que las rosas, como aquel latido compañero, no durarían siempre.


Un viajero dedicó largos años de su vida a alcanzar la cima más alta de aquel país. Y ahora está sentado en un tronco, en la orilla de un río manso, decidiendo si caerse en un rosal. 

30/12/22

VIVIR AGRADECIDO

             Se termina el año. Yo soy un desastre para las fechas, ni os imagináis la de ellas que no recuerdo ni sé ya dónde buscar, pero este 2022… ¡Este estará grabado por siempre en mi memoria! Y he decidido despedirlo desde el más profundo agradecimiento a tantas personas que me han rescatado una y otra vez de la caverna de la desesperanza. A decir verdad, a pesar de ser una decisión personal, como cualquier manifestación del amor verdadero, me brota de un modo muy espontáneo ese ¡gracias! y restaña mis heridas.

Me veo incapaz de mencionar nombres propios y no vivir con miedo a algún olvido inconsciente, pero podéis atar cabos. Empezaste golpeando fuerte, 2022, tres afectados de COVID en casa, con mi compañera de viaje muy enferma, débil y frágil. Aún así conseguimos saludarte y compartir alguna sonrisa; y pudimos darle a ella amor con distancia, mascarilla y purificador de aire. Gracias a los míos por obrar el milagro.

Nos recuperamos pero empezó la cuesta abajo. Gracias por los detalles dejados en la puerta y no esperar ni a que abriese para no molestar.  Gracias por no dejarla sola mientras yo trabajaba. Gracias por los saludos desde el coche, aparcados enfrente. Y, en la peor noche de mi vida, a esa enfermera que lloraba conmigo en silencio antes de subir a la zona de aislamiento. Gracias a las personas que me ayudaron a tomar la decisión más dura, que también nos permitieron permanecer allí hasta que mi latido compañero se apagó para siempre y nos trataron con tanta humanidad, a pesar de la barrera de los EPIs. Y en las horas siguientes, por una abrumadora avalancha de cariño, flores, risas (sí, risas), lágrimas, abrazos, recuerdos, presencias, viajes improvisados, disponibilidad absoluta,…

Al mes celebramos. Gracias por la cercanía, la implicación y el compromiso para que pudiéramos despedirnos dignamente. ¡Me queda un recuerdo especialísimo y muy reconfortante! Marcó el fin de la nebulosa inicial y el principio de mi reconstrucción personal. En ella sigo.

A partir de aquí, para no extenderme, abandono el carril del tiempo y dejo que la corriente nos lleve a donde quiera. Gracias por los “¿qué te hago?”, por los “tú pide cuando necesites, que no te voy a estar agobiando”. Gracias por los abrazos diarios por WhatsApp, los paseos y los cafés (o cañas, vaya). Por sacar entradas para mí aún sin saber si podría ir o no, por los “me acuerdo mucho de vosotros, no hace falta que contestes”, por los regalitos porque sí, por los memes más absurdos cuando viste mis ojos tristes. Por elegir el momento adecuado para preguntar, para abrazar, para besar, sabiendo de mi pudor y mi necesidad de continuar con la tarea. Por preguntar con delicadeza y cariño a pesar de vuestros catorce o quince años. 

Gracias por los “yo te cubro, ¿dónde hay que ir?” o los “falta todo lo que necesites”, aunque nunca os haga caso. Por valorar mi trabajo y mi esfuerzo discretamente y no ser condescendientes, no lo soportaría. Por permitirme seguir siendo también apoyo para ti y no dejarme olvidar quién soy. Por ofrecer todo lo que tienes o puedes y hacerme sentir que hay red.

Gracias por cuidar de mis hijos desde la distancia justa, por ser familia elegida y compañía deseada. Por ser consejo asesor y cómplice en mis tempestades y desvelos. Por entender y no juzgar mis ausencias o mis presencias. Por informar al que no quiere molestar y darme así espacio para tomar aire. Por querer compartir mis momentos importantes y buscar la forma de incluirme en tus planes. Por defenderme de los que me hacen daño a mí o a los míos. Por dejarme acompañarte por las aceras donde duermen los ángeles y colocar mi sufrimiento en un lugar distinto.

Después de tu paso demoledor, 2022, ya no soy el mismo pero sigo siendo yo. Un acorde inesperado se ha incrustado en mi piel y no pienso ya vivir evitando lo inevitable. Daré la bienvenida al tiempo que me quede, determinado pero no ingenuo. Para tranquilidad de los que me queréis: estaré bien.
 

22/12/22

VAIVENES

Embriagado ahora,
ahora miserable.

Vulnerable,

pelín cobarde.

Arriba tic,

tac abajo.

Extrovertidamente enmimismado.

¿Es la ilusión ilusión?

¡Me muevo tanto!

Mareado.

Tic, tac.

De lado a lado.


RECORDANDO LO VIVIDO, CASI UN AÑO DESPUÉS

Hondísimamente triste.

Eviscerado y roto.

Demasiado pronto te fuiste,


amor.  


Demasiado pronto. 


9/12/22

DÍAS DE ESCALA MENOR

Lloro hacia dentro. 

A mares. 

A mares secos. 

Solo queda la sal. 

Y escuece en los ojos.

7/12/22

HABLANDO DE DUELO

 Lo más desalentador, en el sentido literal de la palabra, es que no pasa nada. La persona ya no está ni estará, solo estuvo, y no pasa nada. Sales a la calle y todo sigue, la gente pasa, bromea, se enfada, se esconde tras sus auriculares o conversa de la vida. Mi mundo se cae a pedazos, pero el mundo sigue en pie. Tarde o temprano, todos viviremos con el alma cavernada por ausencias irremplazables, pero, al mismo tiempo, hablamos con necesaria normalidad de los muertos de otros. Qué gran paradoja. Como los amputados, hemos perdido parte de nosotros pero, aunque ya no está, sigue presente y puede doler.

6/12/22

EL SOL MENOR 7

    Probablemente, si no has descubierto todavía las intimidades de la música, no entiendas la historia que quiero contar, pero es mi historia y no sabría contarla de otra forma. Espero me disculpes.

    Por quién sabe qué razones, alguien decidió hacer unas notas de primera, anchas y hermosas, y otras estrechas y escondidas. Las de primera son las más fáciles de tocar y todos los novatos aprendimos canciones en esa escala de do mayor, que no transita por las negras.


    Yo aprendí a cantar antes de hablar y, sin saberlo, las melodías de mi infancia estaban repletas del tono, tono, semitono, tono, tono, tono, semitono. Certezas de escala mayor para empezar la vida.


    No tardé mucho en escuchar a otras voces además de la mía y surgieron las primeras armonías, la vida con otros era más divertida.  Acordes mayores para niños felices. DO, FA, SOL para un mundo de ilusión y risas. Pero la vida no tarda en complicarse y la depresión de la abuela, la burla de otro niño…, ¡quién sabe!, me enseñaron lo que era la tristeza; y los menores re, mi, la ampliaron la paleta que pinta las vivencias.


    Y la vida transcurre tantas veces con estos seis acordes, con sus ratos, con sus temporadas. Con las mismas siete notas uno puede también instalarse en una escala menor y triste, la de la menor, solo depende de la mezcla, del acorde con el que te levantas o te acuestas.


    Puede parecer complicado, pero no lo es tanto. Muchas vidas felices se viven con seis acordes de una escala de notas de primera, de las de teclas anchas para no fallar. Esquemas repetidos para vivir seguros.

El caso es que algunos nos hacemos amigos de las complicaciones, y la madre música nos provee de lo necesario para comprenderlas. No sé qué descubrí antes, si los acordes prestados o los de cuatro notas, pero sí recuerdo que, la primera vez que puse un SIb en vez de un SOL, me quedé sin respiración y ya nunca nada volvió a ser igual. ¿Y si le damos espacio a los anhelos y las sorpresas? ¿Y si pudiéramos mezclar tu escala con la mía para hacer un nosotros? ¿Y si a mi escala de do mayor le prestas la cuarta de tu escala de fa y se me para el corazón, como cuando sonríes y se te ilumina la cara? ¿O si me das tu segunda menor como cuando tus ojos se llenan de lágrimas? 


    Pues el sol menor siete es tu vida con la mía. Un acorde de cuatro notas que en mi solitaria escala de do mayor me da a la vez un si bemol mayor, tu sonrisa, y un sol menor, tus lágrimas. Un acorde inesperado que, si bien no sabes dónde te lleva, te sobrecoge cada vez que suena. 

UN NUEVO COMIENZO

 Tras muchos años y mucha vida acumulada, retomo este proyecto sin saber a dónde va. Decidido a dar salida a mi mundo interior, con el mismo conflicto de siempre entre el pudor y permitirme la libertad de soltar al aire lo que me parezca oportuno. 

Releyendo, ya no soy el que escribió muchas de las entradas anteriores, pero son parte de lo que me ha traído aquí. Aquí se quedan, salvo una.

21/11/11

Corazón de mudanza

Me tengo que mudar.
Rebrotando mi vida
de flores de un especie no elegida.

No era éste mi jardín,
no te soñé.
No te soñé así.
Quería que tu vida brotara de mis venas
pero hay algo en tus flores...
hay algo en tus flores que me tienta.
Sutil aroma que percibo apenas.

¿Me tengo que mudar?
¿y si me quedo?
¿y si paso aquí el invierno?
Desconcierto.

Reflexiones e intuiciones de un caminante y compañero de caminos. Ideas que me hacen crecer.