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4/8/23

El viento del norte

    El viajero ya conocía esto. Nació en un lugar donde el viento del norte se lleva la niebla en verano. La humedad no sofoca y el aire refresca. Como también ocurre con el sol de invierno en las tierras del interior, el calor y el frío se alían de una forma tan especial que se calientan los huesos y no se quema la piel. Pero en el litoral más sentidos se avivan: el viento del norte se oye, hay quienes también dicen escucharlo, y, sobre todo, se ve mucho más allá. Para el que gusta de mirar lo lejano, es un amigo siempre bienvenido. Se ha llevado la bruma que solo permite mirar en corto y amplía el campo de visión. El paraíso de los curiosos. 

    Y cuentan que el viajero volvió al punto de partida y, en un día de viento norteño, pudo observar el otro lado de la ría con una escrutadora nitidez. Allí estaban los montes que separaban las huellas de los dedos del dios que, según cuenta la leyenda, creó aquellas rías al apoyar su mano el séptimo día y por fin descansar. Sin embargo, ya no todo el monte era bosque. Ya casi había olvidado que el fuego de los años pasados había dejado grandes zonas de monte yermo. 

    Como en la vida, si bien la niebla no te deja ver, la certeza no te deja olvidar. 




31/3/23

EL FRÍO

     "En ocasiones, me protejo intentado mantenerme ocupado mientras pasa el temporal", se decía nuestro viajero a sí mismo. Y enredado en sus pensamientos, cayó en la cuenta de que durante la inmensa mayor parte de la historia de la humanidad, la vida se jugaba en el exterior. Sobrevivir era conseguir alimento, refugio, cuidar de los allegados y, si había algo de fortuna, todavía quedaba algo de tiempo para los placeres y desdichas de los afectos. 
    Pero ese no era el mundo en el que a él le tocaba vivir. Sobrevivir ahora era una batalla dentro de su mente. Habiendo siempre un techo para protegerse de la tormenta, rara vez había cobijo para resguardarse de los temporales interiores. Habiendo siempre una casa donde resguardarse, rara vez había un hogar donde simplemente ser ya era vivir. Incluso bromeaba imaginando una escena en donde un odioso dios, vengativo como el de Babel, se burlaba de los hombres de este tiempo: "¡A ver cómo os libráis ahora de este frío que viene de dentro, vosotros que os habéis cubierto de mil capas para estar siempre cómodos y que inventáis mundos falsos para no tener que salir al verdadero!"
    Afortunadamente, aunque nuestro viajero solía despertar sobresaltado de sus ensimismamientos, también conseguía avanzar un pasito diminuto en su búsqueda de sentido. Mantenerse ocupado le ayudaba a evitar centrarse en ese intenso frío interior, mientras buscaba el modo y las fuerzas para librarse de él. De ese páramo helado al que algunos llaman soledad. 

1/1/23

CAERSE EN EL ROSAL

         Un viajero dedicó largos años de su vida a alcanzar la cima más alta de aquel país, pensando que, siendo capaz de verlo todo desde allí, por fin sería feliz llenando hasta rebosar la mochila de su infinita curiosidad. Pero la ascensión fue volviéndose cada vez mas difícil, los obstáculos más grandes y las heridas de cada nueva caída más dolorosas. 

Había conseguido perseverar en la ruta porque no caminaba solo, por lo menos no todo el tiempo.  Dicho lo cual es fácil adivinar que, cuando una noche de invierno el latido compañero se apagó para siempre, supo no iba a alcanzar aquella cima. Sin fuerzas para subir y sin ánimo para bajar, vagó toda aquella noche que encierra mil noches hasta que cayó al río embravecido por la fuerte pendiente. Mentiría si dijera que le fue difícil encontrar un tronco al que aferrarse, lo difícil fue no dejarse simplemente caer y por fin descansar.


El descenso estaba siendo casi tan agotador como lo había sido la subida. Pero el paso de los días dulcificó la pendiente y amansó el río, y hasta se atrevió a pensar que tal vez acabaría llegando el momento de acercarse a la orilla en la llanura. 


Y sucedió que, en este viaje hacia las tierras cálidas donde se cuenta que los corazones malheridos encuentran la paz, el viajero aferrado a un tronco miró al margen derecho del río y pudo ver unas flores conocidas, acompañadas por el sutil aroma que una brisa cómplice quiso acercarle. Fue entonces cuando una brizna de humanidad brotó de sus entrañas y, antes de pararse a pensar, ya estaba en la orilla, sentado en su tronco, observando las flores. 


Sí, era un grandioso rosal. Quizás ya lo sabía. En el fondo ya lo temía. Su deseo más profundo era abrazar aquellas rosas, sentir su textura acariciándole el rostro y su aroma inundándole los pulmones. Pero no había olvidado el dolor de las espinas clavándose en la piel durante los años de extenuante ascenso y, por encima de todo, no había olvidado que las rosas, como aquel latido compañero, no durarían siempre.


Un viajero dedicó largos años de su vida a alcanzar la cima más alta de aquel país. Y ahora está sentado en un tronco, en la orilla de un río manso, decidiendo si caerse en un rosal. 

30/12/22

VIVIR AGRADECIDO

             Se termina el año. Yo soy un desastre para las fechas, ni os imagináis la de ellas que no recuerdo ni sé ya dónde buscar, pero este 2022… ¡Este estará grabado por siempre en mi memoria! Y he decidido despedirlo desde el más profundo agradecimiento a tantas personas que me han rescatado una y otra vez de la caverna de la desesperanza. A decir verdad, a pesar de ser una decisión personal, como cualquier manifestación del amor verdadero, me brota de un modo muy espontáneo ese ¡gracias! y restaña mis heridas.

Me veo incapaz de mencionar nombres propios y no vivir con miedo a algún olvido inconsciente, pero podéis atar cabos. Empezaste golpeando fuerte, 2022, tres afectados de COVID en casa, con mi compañera de viaje muy enferma, débil y frágil. Aún así conseguimos saludarte y compartir alguna sonrisa; y pudimos darle a ella amor con distancia, mascarilla y purificador de aire. Gracias a los míos por obrar el milagro.

Nos recuperamos pero empezó la cuesta abajo. Gracias por los detalles dejados en la puerta y no esperar ni a que abriese para no molestar.  Gracias por no dejarla sola mientras yo trabajaba. Gracias por los saludos desde el coche, aparcados enfrente. Y, en la peor noche de mi vida, a esa enfermera que lloraba conmigo en silencio antes de subir a la zona de aislamiento. Gracias a las personas que me ayudaron a tomar la decisión más dura, que también nos permitieron permanecer allí hasta que mi latido compañero se apagó para siempre y nos trataron con tanta humanidad, a pesar de la barrera de los EPIs. Y en las horas siguientes, por una abrumadora avalancha de cariño, flores, risas (sí, risas), lágrimas, abrazos, recuerdos, presencias, viajes improvisados, disponibilidad absoluta,…

Al mes celebramos. Gracias por la cercanía, la implicación y el compromiso para que pudiéramos despedirnos dignamente. ¡Me queda un recuerdo especialísimo y muy reconfortante! Marcó el fin de la nebulosa inicial y el principio de mi reconstrucción personal. En ella sigo.

A partir de aquí, para no extenderme, abandono el carril del tiempo y dejo que la corriente nos lleve a donde quiera. Gracias por los “¿qué te hago?”, por los “tú pide cuando necesites, que no te voy a estar agobiando”. Gracias por los abrazos diarios por WhatsApp, los paseos y los cafés (o cañas, vaya). Por sacar entradas para mí aún sin saber si podría ir o no, por los “me acuerdo mucho de vosotros, no hace falta que contestes”, por los regalitos porque sí, por los memes más absurdos cuando viste mis ojos tristes. Por elegir el momento adecuado para preguntar, para abrazar, para besar, sabiendo de mi pudor y mi necesidad de continuar con la tarea. Por preguntar con delicadeza y cariño a pesar de vuestros catorce o quince años. 

Gracias por los “yo te cubro, ¿dónde hay que ir?” o los “falta todo lo que necesites”, aunque nunca os haga caso. Por valorar mi trabajo y mi esfuerzo discretamente y no ser condescendientes, no lo soportaría. Por permitirme seguir siendo también apoyo para ti y no dejarme olvidar quién soy. Por ofrecer todo lo que tienes o puedes y hacerme sentir que hay red.

Gracias por cuidar de mis hijos desde la distancia justa, por ser familia elegida y compañía deseada. Por ser consejo asesor y cómplice en mis tempestades y desvelos. Por entender y no juzgar mis ausencias o mis presencias. Por informar al que no quiere molestar y darme así espacio para tomar aire. Por querer compartir mis momentos importantes y buscar la forma de incluirme en tus planes. Por defenderme de los que me hacen daño a mí o a los míos. Por dejarme acompañarte por las aceras donde duermen los ángeles y colocar mi sufrimiento en un lugar distinto.

Después de tu paso demoledor, 2022, ya no soy el mismo pero sigo siendo yo. Un acorde inesperado se ha incrustado en mi piel y no pienso ya vivir evitando lo inevitable. Daré la bienvenida al tiempo que me quede, determinado pero no ingenuo. Para tranquilidad de los que me queréis: estaré bien.
 

6/4/11

Purificándome

¿Cómo pedirle a Dios algo que si no me concede me haría odiarle el resto de mis días?
"No tentarás al Señor tu Dios..."

24/11/10

El foso

En mi escuela había un teatro. La primera vez que entré, me llamaron la atención sus dimensiones: un inmenso patio de butacas verdes, muy antiguas, algunas destartaladas, y un gran escenario al fondo. Siempre que entro en un teatro se me encoge el estómago y el corazón se me acelera al imaginar el torrente de emociones que se puede desatar en cientos de personas al unísono, una impresionante obra coral también en el patio de butacas. No fue ese día una excepción. Mientras iba avanzando por el pasillo central mi pulso seguía in crescendo cuando, sorprendido, lo vi. ¡El escenario del teatro de mi escuela tenía foso! Generoso, como todo en aquella sala. ¡Allí podría caber toda una orquesta! Si en los pocos minutos que llevaba allí ya había imaginado fantásticas posibilidades, ahora lo fantástico podría ser sublime. No importaba si se llegaría a utilizar o no, pero era posible. Algo sublime era posible en mi escuela, ¡teníamos un foso! ¡un foso para toda una orquesta! Un foso para soñar despiertos.

Pasó el tiempo y se pensó en mejorar y modernizar la escuela. Se reformaron aulas, instalaciones, y le llegó la hora al teatro. Todavía recuerdo la ilusión con la que el rector se dispuso a enseñarme el nuevo salón de actos, con sus nuevas butacas, sus nuevas paredes, sus nuevos recursos audiovisuales, su reformado escenario,… Todavía tengo impresa en el alma la inmensa tristeza que me invadió cuando vi que ya no estaba, que el nuevo escenario lo había sepultado. ¡Habían eliminado el foso! y con él, la esperanza de que algo sublime podría haber pasado. Aunque no pasase nunca. Tenemos un moderno salón de actos donde se celebran grandes congresos, y eso está muy bien. Pero no tenemos foso. Se acabó el sueño.

Y sé que mi escuela debe funcionar y ser útil. Y sé que mi escuela tiene que vivir la realidad de su tiempo, pero no tiene por qué destruir los sueños de todo tiempo. ¡No quiero una escuela cuyo teatro se haya quedado sin foso! Tampoco quiero que el escenario de mi vida carezca de él.

Feliz Semana de Calasanz.

19/7/10

Tristezas

Cuando recuerdo la piedad sincera
con la que en mi edad primera
entraba en nuestras viejas catedrales,
donde postrado ante la cruz de hinojos,
alzaba a Dios mis ojos,
soñando en las venturas celestiales;
hoy que mi frente atónito golpeo,
y con febril deseo
busco los restos de mi fe perdida,
por hallarla otra vez, radiante y bella,
como en la edad aquella,
¡desgraciado de mi!, diera la vida.
...

Gaspar Núñez de Arce

9/12/08

Cartografía de Adviento

"Allanad las colinas, rellenad los valles...",
facilitad el camino, el paso de algo tan grande.

Pues mi cuerpo está curtido de colinas y de valles,
el tiempo, lo sucedido, los calores y los fríos,
los dolores, los pesares, los ajenos y los míos,
los glaciares del invierno, los dehielos y sus ríos,
erosionan mi rostro de niño.


Los vientos huracanados y la brisa del Espíritu,
las tormentas, los granizos.
Las mareas.
Mi rostro de niño.


Voy a recorrer mis surcos,
y mis montes, y mis ríos.
Mis glaciares del invierno.
Si ha de pasar algo grande,
que se haga pequeño y recorra conmigo.
Que no soy relieve suave.
Dos sandalias y un bastón para el camino.


Que siento que pierdo.


Mi alma de niño.

25/11/08

Orientándonos

Los tres inventos decisivos para el paso de la Edad Media a la Edad Moderna fueron la pólvora, la brújula y la imprenta. La pólvora permitió acabar con los castillos, con el feudalismo; la brújula permitió las grandes navegaciones, poder cruzar los océanos y la imprenta permitió la difusión de las ideas. Pues resulta que los chinos tenían esos tres inventos desde mucho antes, pero no usaban la pólvora para la guerra sino para fuegos artificiales. Para un chino batirse con un artefacto tan ordinario como la pólvora era un acto indigno de un ser humano. La brújula también la conocían pero no la usaban, porque según su concepción de la vida, todo lo que necesitaban lo tenían dentro, ¿para qué salir? No sentían la menor necesidad de cruzar océanos para conquistar nuevos mundos. [...]
Y en cuanto a la imprenta, los chinos usaban unos bloques de madera para la impresión, pero el arte de la caligrafía les parecía algo muy superior y tan extraordinario que lo preferían mil veces a la tosquedad de la huella de los bloques.

José Luis Sampedro, en La ciencia y la vida.

26/9/08

Educar, conducir... navegar. Y navegar.

Así fue como Elisewin descendió hacia el mar del modo más dulce del mundo -sólo la mente de un padre podía imaginarlo-, llevada por la corriente, a lo largo de la danza hecha de curvas, pausas y titubeos que el río había aprendido en siglos de viajes, él, el gran sabio, el único que sabía el camino más hermoso y dulce y apacible para llegar al mar sin hacerse daño. Descendieron, con esa lentitud decidida al milímetro por la sabiduría materna de la naturaleza, introduciéndose poco a poco en un mundo de olores de cosas de colores que día tras día desvelaba, lentísimamente, la presencia lejana, y después cada vez más próxima, del enorme regazo que los esperaba. Cambiaba el aire, cambiaban las auroras, y los cielos, y las formas de las casas, y los pájaros, y los sonidos, y las caras de la gente en las orillas, y las palabras de la gente en sus bocas. Agua que se deslizaba hacia el agua, galanteo delicadísimo, los meandros del río como una cantinela del alma. Un viaje imperceptible. En la mente de Elisewin, sensaciones a millares, pero ligeras como plumas en vuelo.
Todavía hoy, en las tierras de Carewall, relatan todos aquel viaje. Cada uno a su manera. Todos sin haberlo visto nunca. Pero no importa. No dejarán nunca de relatarlo. Para que nadie pueda imaginar lo hermoso que sería si, para cada mar que nos espera, hubiera un río para nosotros. Y alguien -un padre, un amor, alguien- capaz de cogernos de la mano y encontrar ese río -imaginarlo, inventarlo- y de depositarnos sobre su corriente, con la ligereza de una sola palabra, adiós. Eso, en verdad, sería maravilloso. Sería dulce la vida, cualquier vida. Y las cosas no nos harían daño, sino que se acercarían traídas por la corriente, primero podríamos rozarlas y después tocarlas y sólo al final dejar que nos tocaran. Dejar que nos hirieran, incluso. Morir por ellas. No importa. Pero todo sería, por fin, humano. Bastaría la fantasía de alguien -una padre, un amor, alguien. Él sabría inventar un camino, aquí, en medio de este silencio, en esta tierra que no quiere hablar. Camino clemente, y hermoso. Un camino de aquí al mar.

Alessandro Baricco. Océano mar.

4/5/08

Lo que hoy es Betania para mí

Para mí, Betania es un momento. Un momento deseado y esperado. Un momento que anticipo con un hormigueo en el estómago. Un momento que me da seguridad para el resto de momentos. Y, cuando llega, un momento real, consciente, casi siempre limpio. Un momento que frecuentemente me gustaría dilatar.

Para mí, Betania es una certeza. Una certeza que no necesita de proyectos que proyectan. Una certeza irracional y razonable. Una certeza que moviliza mi energía y la hace productiva. Una certeza que me hace valiente.

Para mí, Betania es fluir. Un fluir identificado e identificable, pero indefinido e indefinible. Un no dejar de avanzar sin dejar de estar en el sitio. Un fluir que es la aceptación del cambio e incluso, cada vez más, la celebración del cambio.

Para mí, Betania es una fiesta. Una fiesta alegre siempre que se puede y, cuando no, una fiesta oportuna, adecuada, especial cada vez. Una fiesta incontenible y con sentido.

Para mí, Betania es escucha. Una escucha atenta y de gran presencia. Una escucha aportada y recibida. Una escucha interna y externa que me mantiene en contacto con mi maestro interno y con los varios y variados rostros del Maestro, aunque acaso sea uno solo.

Para mí, Betania es una prueba. Una prueba constante que me incomoda y me desestabiliza. Una prueba que me mantiene alerta. Una prueba que, en ocasiones, me hace temerme a mí mismo, pero me permite explorar las lindes de mi capacidad de amar. Una prueba que me pone en contacto con mi contingencia. Una prueba que pone de manifiesto la paradoja de mi inmensa pequeñez, o de mi pequeña inmensidad.

Para mí, Betania es esperanza. Esperanza en un Evangelio hecho vida, eternamente nuevo, actual, de Jesús. Una esperanza de renovación, de propuesta de felicidad para mí y para todos. Una esperanza de reencuentro y reconciliación con la Revelación.

Para mí, Betania es libertad. Libertad para ser y para estar. Para dudar y para soñar. Para discrepar o para enfadarme sin miedo al abandono. Libertad para mostrarme débil, para desnudarme sin que la vergüenza llegue a impedírmelo o de no hacerlo sin sentir culpa por ello.

Para mí, Betania es un templo. El templo del Ser. El templo de la autenticidad y de la audacia. El único templo que no he pervertido en mayor o menor medida. El templo del silencio y del bullicio. El templo de la comunión y la eucaristía. El templo de las personas y de los milagros.

Para mí, Betania es acción. Es una vida puesta en juego y no un modelo o un marco teórico. Es una constante relación. Es un empeño por acoger a cada persona en su momento único y no poner etiquetas.

Para mí, Betania es Palabra. Palabra como referente insustituible, pero que se encuentra cada vez con personas nunca iguales y, por tanto, siempre desvelando una cara nueva. Palabra en la que confío aún cuando me deja indiferente.

Para mí, Betania es valoración. Es sentirme valorado por lo que soy y no por lo que tengo o por lo que sé. Es sentirme cuidado y ser capaz de recibir y aceptar cariño. Tantas veces mi fuente de energía y mi tabla de salvación. Dios cuidándome.

Para mí, Betania es escuela de desapego. Una escuela donde aprendo a desprenderme de lo que no merece la pena, a compartir sabiendo que, en realidad, lo que tengo no soy yo y ni siquiera es mío. Una escuela de providencia.

Para mí, Betania somos las Personas.

9/2/08

Preparando el alma

Yo te veo, Señor, con un hierro encendido
quemándome la carne hasta los huesos...
Sigue, Señor,
que de ese hierro
han salido
mis alas y mi verso.

León Felipe

21/1/08

Ni tú ni yo somos los mismos

Después de su iluminación definitiva, el Buda estaba siempre en una actitud espontánea de amor benevolente. Desprendía paz y contento.
Cierto día iba paseando y se encontró con un hombre que le envidiaba. Al pasar junto a él, éste le escupió en pleno rostro. Después cada uno siguió su camino. Pero unos días más tarde, volvieron a cruzarse. El Buda le miró abiertamente a los ojos y le sonrió con afecto. Extrañado, el hombre preguntó:
- ¿Por qué me sonríes cuando hace unos días te escupí?
El Buda, apaciblemente, dijo:
- Amigo mío, porque tú no eres ya el que me escupió ni yo, el que recibió el escupitajo. Que tengas un buen día.

20/12/07

Tu vida es una página en blanco

Has escrito ya muchas páginas en tu libro;
unas son tristes y otras son alegres;
unas son limpias y claras,
otras son borrosas y oscuras.
Pero aún te queda una página en blanco:
la que has de escribir este día.
Te falta por llenar la página de hoy.
Piensa y cree que ésta sea
la página más bella, la más sentida.
Cada mañana al despertar
recuerda que aún tienes que escribir
la mejor de tus páginas,
le dirás lo mejor que tú puedes dejar
en el libro que estás escribiendo con tu vida.
Piensa que siempre te falta por escribir
la página más bella.


Rabindranath Tagore

7/12/07

Adviento

¡Arriba, tú, hombrezuelo! ¡Huye un poco de tus ocupaciones! Entra un instante en ti mismo, apartándote del tumulto de tus pensamientos. Arroja lejos de ti las preocupaciones que te agobian y aparta de ti las inquietudes que te oprimen. Búscate tiempo para Dios y descansa. Habla con Dios y dile con todas tus fuerzas: "Quiero, oh Señor, buscar tu rostro". Señor mío y Dios mío, enseña a mi corazón dónde y cómo tengo que buscarte, dónde y cómo puedo encontrarte.

San Anselmo

28/10/07

La escuela en la que creo (4 y final, de momento) - una clara identidad

El asunto de la identidad es para mí imprescindible. Uno de los factores más educativos que conozco es la coherencia personal, pero aún es más potente la coherencia de un colectivo. Y no sólo desde parámetros de eficacia sino como signo inequívoco de que la comunión es posible, de que un conjunto de personas auténticas pueden formar una comunidad también auténtica sin necesidad de dejar de ser cada uno quien es.
Abordar las características de la buscada identidad es delicado. Supongo que uno puede intuir por dónde puede ir a la vista de todo lo escrito hasta ahora, pero no voy a dar una descripción detallada ya que, si realmente estamos dispuestos a lograr una identidad compartida, no la podemos definir previamente. He vivido la experiencia de los que intentan este consenso desde la fórmula de yo pongo las normas y te invito fraternalmente a que las acates y seas uno conmigo: qué gran engaño para todos, muchas veces con la mejor de las intenciones (y la peor de las inconsciencias). Sólo siendo absolutamente consciente de que conseguir una identidad colectiva conlleva una sincera apertura al cambio, ésta se puede alcanzar. No se consigue negociando y cediendo, sino escuchando y convergiendo "el viento sopla donde quiere y tú oyes su silbido; pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así le sucede al que ha nacido del Espíritu."
Alguna persona podrá pensar que mi propuesta es demasiado indeterminada, sí entiendo que debe haber un núcleo común de partida, también para ayudar a la clarificación de los que quieran unirse al proyecto. No se puede cambiar drásticamente de proyecto cada vez que llegue alguien nuevo. Sin embargo, es necesario un trabajo muy intenso para conseguir la convergencia de todos al proyecto común; cambiando adoctrinamientos por vivencias compartidas y ayudando siempre a discernir a la persona dónde está su sitio. No creo que haya una sola identidad válida y uno debe encontrar la suya.
Este planteamiento limita drásticamente las posibilidades de adhesión, ya que las líneas a seguir deben permitir esta plasticidad en la génesis del proyecto. Desde mi limitado conocimiento, la persona que mejor ha conjugado estos valores, que supo hacer comunidad y no gregarismo, que consiguió autoridad y permitió y fomentó que las personas crecieran en libertad, es Jesús de Nazaret. Creo en un escuela que busca su identidad a la luz del Evangelio de Jesús y, sobre todo, a la luz del modelo de relación personal que él propone y practica con maestría. Otra orientación más reciente pero, a mi juicio, con grandes similitudes en lo que a la relación se refiere, es la orientación centrada en la persona (iniciada por Carl Rogers). Existen experiencias muy interesantes en educación siguiendo esta orientación y creo que también me sentiría cómodo con este referente, aunque me faltaría algo.
Aquí termino, de momento, mi reflexión acerca de la escuela. Ya me satura tanta idea.

12/10/07

La escuela en la que creo (3) - abierta a la espiritualidad

Es una consecuencia de todo lo anterior. Si la relación se da entre personas auténticas, se dará entre personas completas, desde sus dimensiones cognitiva, afectivo-emocional y, sin duda alguna, espiritual. No todas las personas tienen creencias religiosas -ni creo que sean imprescindibles para el acontecer de Dios- pero, de una u otra forma, todos manifestamos una dimensión espiritual que se abre a las preguntas que sobrepasan la razón (meta-cognitivas dicen algunos), al SENTIDO de la vida, a la dolorosa FINITUD.
Creo en una escuela valiente que afronta sin miedos ni prejuicios esta dimensión. Una escuela que no cae en la trampa de que es un ámbito privado, que defiende una supuesta "libertad" para esta dimensión y no para las otras. Un educador de la escuela en la que creo nunca atropellará la libertad de nadie, en ningún ámbito. Como mucho, y ya es mucho, propone. Ha aprendido que su vida es su magisterio y no utiliza métodos "invasivos". Pero no evita hablar de una parte importante de su ser; no se cercena una porción de sí mismo para entrar a un aula.
Y desde los más pequeños; los niños no son inválidos y mucho menos en su espiritualidad. Lo puedo ver cada día en la vida de mi hija. Se hacen miles de preguntas a las que tendemos a dar respuestas que ni nosotros mismos tenemos, con resultados a veces insultantes para la inteligencia humana. Creo en una escuela con capacidad de escuchar y acompañar las dudas y a sus dueños. ¿Por qué admitimos entre adultos que no hay respuestas seguras pero nos conformamos con chapuzas para los niños? La PERSONA no depende de una coordenada temporal, lo es porque ES.

Reflexiones e intuiciones de un caminante y compañero de caminos. Ideas que me hacen crecer.