31/12/24

Perlas del año que termina

   Yo creía que perseverando en las grandes metas se acababan consiguiendo, este año he aprendido que hay momentos para los objetivos modestos, incluso mediocres, en busca de la paz. 

 Yo creía que el cansancio se pasaba descansando, este año he aprendido que hay que sólo a base de cansancios bien elegidos uno deja de estar cansado. 


 Yo olvidaba que no siempre recoges lo que siembras, este año me han recordado que te puedes encontrar personas con las que no puedes construir, porque no pueden o no quieren escuchar. Y he aprendido que hay que dejarlas ir.


 Yo pretendía cumplir medio siglo con un proyecto renovado, este año he constatado que mi capacidad de transformación no es tan veloz como me gustaría y estoy aprendiendo torpemente a transformar la frustración en impulso.


 Yo creía que lo mejor que podía hacer con mis particularidades era ignorarlas, este año he comprendido lo mucho que han influido en mi vida y que forman parte de mí y de mis caminos futuros.


 Yo creía que algunas de mis certezas más arraigadas me tenían que acompañar toda la vida, este año he descubierto que no siempre las he mantenido por convencimiento, sino por apego a quien fui. 


 Yo creía que al sentirme frágil me iba a acabar quedando solo, este año sigo agradecido por las personas que siguen ahí.


 ¡Os deseo un 2025 lleno de paz!

26/10/24

A propósito del discurso de Ana Blandiana, premio Princesa de Asturias de las Letras 2024

La poesía es, a veces, rascar hasta levantar la piel para provocar dolor 
y terminar con la picazón desesperante que no descansa, 
y encontrar en ello alivio. 
Es despertarse a latigazos de una vida insoportablemente adormecida. 
Y así, despierto y dolorido, volver a sentir cómo entra el aire. 
Hasta volver a quedar dormido.

16/10/24

Plata

     Ahora sé que me hubiera gustado llegar al oro. Ahora sé que cada duda que pude tener a lo largo del camino era pura ignorancia, y también doy gracias por no haberlo abandonado nunca, aunque nos quedásemos tan cerca de la plata. 

    Curioso cómo tantas veces la sabiduría llega después de la ocasión para la que hubiera sido necesaria, pero quizá no llegue tarde para lo que ha de venir. Quizá una forma de honrarte sea no desaprovechar lo mucho que tu ausencia me enseña.

    Hoy imagino qué habríamos hecho, dónde habríamos ido. Sé que habríamos viajado, lejos pero no mucho. Sé que, de una forma u otra, habría habido música. Y sé que al terminar el día nos habrían dolido muchísimo los pies. ¡Qué ganas de que me vuelvan a doler de nuevo!

31/12/23

La fortuna y la desdicha

     He aquí una de esas dualidades paradójicas que tanto interés despertaban a nuestro viajero. A pesar de ser consciente de lo afortunado que había sido en los últimos tramos de su viaje, se había sentido desdichado con frecuencia. “¿Por qué la fortuna no siempre trae la dicha?”, se preguntaba en sus noches de insomnio. Y decidió rememorar las razones de su fortuna para ver si los soplos de vida que las acompañan ayudaban a despejar los nubarrones de tormenta. 

Lo primero que le vino al corazón fue la generosa ración de afecto que no faltó ningún día de camino; y el aliento de todas esas personas se transformó en brisa que salpicó de claros el cielo. ¡Qué bien sienta algún rayo de sol en la cara en los días de invierno! Afortunado aliento.

Tampoco este tiempo había estado falto de aprendizajes, lo que le resultaba francamente estimulante. Aprendió que el camino más corto no siempre te hace llegar antes; hay obstáculos que merece la pena rodear y guardar fuerzas para los que no se pueden esquivar. Aprendió, con mucho esfuerzo, que si no quería caminar solo, tendría que caminar al ritmo del más débil; y disfrutó alegrías que sólo una mente menos exigida se puede permitir. Aprendió que elegir atravesar el camino del dolor con las personas adecuadas es una de las mejores decisiones que uno puede tomar; el tiempo no cura nada, es lo que decides hacer con él. Y aprendió mil cosas más, y su cuerpo respondía al ejercicio y mejoraba el ánimo, y sus manos volaron sobre las teclas como nunca antes,… un presente afortunado, sin duda. ¿No debería ser suficiente para borrar de una vez las nubes?

“Quizá el problema no está en el presente, donde sí está la fortuna”, reflexionó. Y entendió que las huellas de tantos años vividos le habían conformado de tal modo que su ser se revelaba ante cualquier nueva forma de vivir, por afortunada que fuese. Que, a pesar de haber transitado el dolor y haberlo tornado en recuerdo agradecido, había algo muy profundo que sufría por no poder seguir instalado en lo tan largamente conocido. Que las heridas que dejaron las partes cercenadas necesitaban un tiempo que no se puede acelerar a voluntad, pero que sólo las curas constantes con cariño y consideración conseguirían una cicatriz hermosa, que duela lo justo para no olvidar, pero no lo suficiente para no dejar vivir. 

  Entendió de este modo que, para la siguiente etapa, debería ser constante en los cuidados, paciente en los desvelos e indulgente en los fracasos. Y no olvidar los tiempos para la alegría y para la escritura (que, como decía Hemingway, es sólo sentarse ante la máquina de escribir y sangrar).

Feliz 2024, cada uno desde su camino.  


29/12/23

The road unwanted

The one and only day,
But just one day.
That’s my ironic definition of success. 

Nothing wrong but nothing right
And peace is all the goal for me to aspire. 
Numbness to survive.

Condemned to embrace my life,
Peacefully undesired. 

17/9/23

52

Me gustaría poder regalarte mi vida nueva con ilusiones motivadoras salpicadas de nostalgias deseadas. Recuperar aquel estado en el que regresar a casa ya era vivir. Aún no va a poder ser. A cambio, te regalo mi determinación de no rendirme. Los avances modestos, las luchas diarias. Aunque sigue sin ser fácil, la manada sobrevive. Por cierto, sigo perfeccionando mi patronus, seguro que las visitas serán cada vez menos frecuentes.

4/8/23

El viento del norte

    El viajero ya conocía esto. Nació en un lugar donde el viento del norte se lleva la niebla en verano. La humedad no sofoca y el aire refresca. Como también ocurre con el sol de invierno en las tierras del interior, el calor y el frío se alían de una forma tan especial que se calientan los huesos y no se quema la piel. Pero en el litoral más sentidos se avivan: el viento del norte se oye, hay quienes también dicen escucharlo, y, sobre todo, se ve mucho más allá. Para el que gusta de mirar lo lejano, es un amigo siempre bienvenido. Se ha llevado la bruma que solo permite mirar en corto y amplía el campo de visión. El paraíso de los curiosos. 

    Y cuentan que el viajero volvió al punto de partida y, en un día de viento norteño, pudo observar el otro lado de la ría con una escrutadora nitidez. Allí estaban los montes que separaban las huellas de los dedos del dios que, según cuenta la leyenda, creó aquellas rías al apoyar su mano el séptimo día y por fin descansar. Sin embargo, ya no todo el monte era bosque. Ya casi había olvidado que el fuego de los años pasados había dejado grandes zonas de monte yermo. 

    Como en la vida, si bien la niebla no te deja ver, la certeza no te deja olvidar. 




el sol menor siete

Reflexiones e intuiciones de un caminante y compañero de caminos. Ideas que me hacen crecer.