21/11/11

Corazón de mudanza

Me tengo que mudar.
Rebrotando mi vida
de flores de un especie no elegida.

No era éste mi jardín,
no te soñé.
No te soñé así.
Quería que tu vida brotara de mis venas
pero hay algo en tus flores...
hay algo en tus flores que me tienta.
Sutil aroma que percibo apenas.

¿Me tengo que mudar?
¿y si me quedo?
¿y si paso aquí el invierno?
Desconcierto.

16/11/11

Mi querida, hermosa, mi vida, mi esposa




Un poema que me conmueve (Poe), una música y una traducción que no desmerecen (Auserón). Las imágenes son prescindibles. Mejor cerrar los ojos.

(leer poema original)


5/11/11

Perpejidad

En la no sé si mi casa
hoy, en vez de plantar vides,
se echa abono a los narcisos.

6/4/11

Purificándome

¿Cómo pedirle a Dios algo que si no me concede me haría odiarle el resto de mis días?
"No tentarás al Señor tu Dios..."

26/12/10

Calidez

Como el sol deshace la niebla un mañana de invierno,
Me abro paso entre mis brumas y mis miedos.

Como el sol que calienta mi rostro un día despejado de febrero,
mi corazón se calienta y descongela mis huesos.

Después de tantos días de otoño húmedo y espeso,
por fin, aun con el frío, me caliento.
Por fin ha aparecido el sol de invierno.

24/11/10

El foso

En mi escuela había un teatro. La primera vez que entré, me llamaron la atención sus dimensiones: un inmenso patio de butacas verdes, muy antiguas, algunas destartaladas, y un gran escenario al fondo. Siempre que entro en un teatro se me encoge el estómago y el corazón se me acelera al imaginar el torrente de emociones que se puede desatar en cientos de personas al unísono, una impresionante obra coral también en el patio de butacas. No fue ese día una excepción. Mientras iba avanzando por el pasillo central mi pulso seguía in crescendo cuando, sorprendido, lo vi. ¡El escenario del teatro de mi escuela tenía foso! Generoso, como todo en aquella sala. ¡Allí podría caber toda una orquesta! Si en los pocos minutos que llevaba allí ya había imaginado fantásticas posibilidades, ahora lo fantástico podría ser sublime. No importaba si se llegaría a utilizar o no, pero era posible. Algo sublime era posible en mi escuela, ¡teníamos un foso! ¡un foso para toda una orquesta! Un foso para soñar despiertos.

Pasó el tiempo y se pensó en mejorar y modernizar la escuela. Se reformaron aulas, instalaciones, y le llegó la hora al teatro. Todavía recuerdo la ilusión con la que el rector se dispuso a enseñarme el nuevo salón de actos, con sus nuevas butacas, sus nuevas paredes, sus nuevos recursos audiovisuales, su reformado escenario,… Todavía tengo impresa en el alma la inmensa tristeza que me invadió cuando vi que ya no estaba, que el nuevo escenario lo había sepultado. ¡Habían eliminado el foso! y con él, la esperanza de que algo sublime podría haber pasado. Aunque no pasase nunca. Tenemos un moderno salón de actos donde se celebran grandes congresos, y eso está muy bien. Pero no tenemos foso. Se acabó el sueño.

Y sé que mi escuela debe funcionar y ser útil. Y sé que mi escuela tiene que vivir la realidad de su tiempo, pero no tiene por qué destruir los sueños de todo tiempo. ¡No quiero una escuela cuyo teatro se haya quedado sin foso! Tampoco quiero que el escenario de mi vida carezca de él.

Feliz Semana de Calasanz.

19/11/10

La tormenta

De tanto echarlo de menos,
vino el demonio.
Ya no lo quiero.

De tanto echarlo de menos,
vino el demonio,
y trajo su infierno.

Infierno espeso, denso,
que me ahoga las palabras
y apesadumbra mis versos.

Por puro miedo a la nada
se me ha vuelto a instalar el sufrimiento.
Yo vago entre el infierno y el desierto.

Por no saber gustar lo suave
gusto lo intenso,
lo amargo intenso.

De tanto echarlo de menos,
vino el demonio.
¿Para cuándo el cielo?

Reflexiones e intuiciones de un caminante y compañero de caminos. Ideas que me hacen crecer.